Reales “anécdotas”.

 

 

Hace una semana salió a la luz en una revista italiana una noticia que no ha sido portada en ningún sitio aquí. En las redes sociales se ha hecho más eco, pero siempre desde la perspectiva de lo “anecdótico”.Solo las mujeres hemos alzado la voz condenando sin paliativos esa actitud.
Sin ningún resultado.
Nos referimos a cuando el rey emérito Juan Carlos I, alias “el campechano” , hizo tirar al mar a una modelo (o lo permitió) con la que estaba en un yate (no sabemos si era el “Bribón”, pero no nos extrañaría que así fuese), debido a la visita inesperada de su esposa.

 


Nos encontramos con varias situaciones a analizar.
La primera, sin ninguna duda es comprobar como una agresión de este tipo queda diluida en palabras más bien jocosas, referidas tanto a la modelo, como a la esposa.
Vemos como enseguida se hace el chiste fácil, como se ridiculiza a la esposa, como una modelo es tratada como un objeto , en este caso, como un recurso cómico.

 

 

Vemos como el rey emérito no es castigado socialmente, ni siquiera por los medios de comunicación más “feministas”.
Vemos que nadie se ha preocupado por saber si a la mujer lanzada al agua la recogieron luego.
Vemos que esa noticia está enmarcada dentro de un reportaje sobre su aniversario en el que se habla de las mujeres con las que tuvo relaciones sexuales.
Y nos preguntamos luego que porqué nos siguen asesinando.

Las frases resuenan y nadie se para a pensar en el trato desigual:
“Majestad, que viene Sofía”
El rey frente a la mujer.
El rey, como símbolo.
Sofía es reina.
Sofía es esposa.
Y sin embargo los que escriben esto no se paran a pensar, primero, que es falso, ya que los escoltas, según la versión original dicen precisamente “regina”. Y segundo, que es un ninguneo a la figura de la mujer.

 


Pero claro, tampoco nos debemos de extrañar de que esa traducción la haga un panfleto que tiene como director a un tal Eduardo Inda, famoso entre otras cosas por no pagar la pensión alimenticia de sus propios hijos.

 

“Rápido, tirad a la puta al rio”
Y esa reacción, esa frase…no existe como tal.

 

Según la versión original, fué tirada al mar sin contemplaciones, y luego rescatada por los servicios de seguridad mientras el rey emérito saludaba sonriente y con la botella de champán que tenía preparada para la modelo, a la reina.

Tirad a la puta al agua.
No era una prostituta, y sin embargo, es tachada como tal.

Tirad a la puta al agua.
Mensaje para todas las mujeres: si follas con libertad, es a lo que te expones.

Tirad a la puta al agua.
Si eres prostituta, es a lo que te arriesgas, haberte dedicado a lo que se dedican todas las mujeres decentes: ten hijos varones, y no molestes.

Tirad a la puta al agua.
Y no te quejes, porque a ti te recogieron. A miles de ellas las asesinan a diario.

 

Porque el hombre tiene derecho a follar con quien quiera, cuando quiera y como quiera, sea monarca o ministro, sea panadero o becario, pero la mujer debe callar o si no, ya sabéis:
Tirad a la puta al agua.

Y la esposa debe ser fiel. Debe ser ignorante de lo que pasa entre las piernas de su esposo si no es para procrear. Debe obviar a las amantes, debe mantener el estatus de mujer pura, elevada a los altares de la iconoclastia popular. Es la reina del hogar, ¿qué más puede desear?.

Dedícate a hacer ganchillo o a inaugurar museos, pero nunca te atrevas a intentar caminar al lado del que se supone que te ama. Porque entonces, pasarás a ser menos. Sólo serás el nombre. Tu estatus de reina será eliminado.

 

Tirad a la puta al agua, sea puta o no. Tiradla al agua.
Con un poco de suerte, no se ahogará.
Y si se ahoga, siempre habrá otra para sustituirla.
Tirad a la mujer al agua. Porque toda mujer, si no es tu esposa, es una puta.

 

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